Este pequeño pin es un recordatorio delicado de que florecer no depende del lugar, sino del amor con el que cuidas tus raíces.
Una regadera llena de flores que simboliza intención, paciencia y belleza cotidiana.
Llévalo contigo como un amuleto botánico: en tu tote, en tu saco favorito o sobre el corazón, para recordarte que incluso los días más simples pueden convertirse en jardines cuando eliges cultivar tu luz.